lunes, noviembre 29, 2021

Historia del dinero, Parte III: Guerra de divisas y la creación de las políticas monetarias

Belén Alfonsi
Futura internacionalista. Apasionada de la economía global y de todos los avances tecnológicos y sociales del mundo, orientados hacia las tendencias actuales.
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La afluencia del dinero como se le conocía en el pasado, comenzó a volverse una costumbre mundial. En cada rincón de la tierra, cada sociedad desarrollaba su propia interpretación de este sistema de intercambios de valores. Así fue que surgieron las monedas creadas por cada país, mejor conocidas como divisas. Sin embargo, con esta novedad, también llegaron las disputas. Esta es conocida como la guerra de divisas.

El cambio al papel moneda en Europa aumentó la densidad del comercio internacional que apenas iniciaba a producirse. Así, los bancos y las clases dominantes comenzaron a comprar divisas de otras naciones y crearon el primer mercado y comercio de divisas.

Así, la estabilidad de las monarquías y gobiernos del mundo afectaban el valor de la moneda del país. Y, por lo tanto, la capacidad de ese país para comerciar en un mercado cada vez más internacional.

De esta manera, la competencia entre países para superar la capacidad de comercio de otros, a menudo conducía las conocidas como guerras de divisas.

La guerra de divisas: una batalla por la supremacía del comercio internacional

Desde que se definió el sistema monetario internacional, con base en las divisas de cada región como este patrón monetario, los países competidores intentaban cambiar el valor de la moneda del competidor.

Esta estrategia se centraba en elevar y encarecer demasiado los bienes del enemigo. Así, al reducir su valor, se reducía el poder adquisitivo del enemigo (y la capacidad de pago). Esto con el fin de debilitar a los altercados económicamente para una guerra.

Así mismo, aunque la depreciación o devaluación de la moneda es algo común en el mercado de divisas. Por ello, el sello distintivo de una guerra de divisas es el número significativo de Estados que pueden estar involucrados simultáneamente en intentos de devaluar su moneda al mismo tiempo.

¿Por qué el fin último de los países era el de debilitar las demás monedas?

La respuesta es sencilla: una divisa débil hace que las exportaciones de un Estado sean más competitivas en los mercados globales. Y, al mismo tiempo, estimulaba las importaciones.

De esta manera, los mayores volúmenes de exportación estimulaban el crecimiento económico. Mientras que las importaciones caras también tenían un efecto similar porque los consumidores optaban por alternativas locales a los productos importados.

Esta mejora en los términos de intercambio generalmente se tradujo en un menor déficit en cuenta corriente (o un mayor superávit en cuenta corriente). A su vez, brindó mayor oportunidad de empleo y crecimiento más rápido del Producto Interno Bruto.

Por ello, para finales del siglo XX, en un mundo azotado por dos guerras mundiales, los Estados decidieron marcar su hegemonía a través de las divisas. Siendo este uno de los elementos claves de la historia del dinero.

Finalmente, surgió la necesidad de la creación de unas políticas monetarias estimulantes. Las cuales generalmente resultaban en una moneda débil. Y también tenían un impacto positivo en los mercados de capitales, lo que a su vez impulsaba el consumo interno a través del efecto riqueza.

Las políticas monetarias: el primer marco de regulación del dinero en el sistema económico naciente

La política monetaria no estaba separada del poder ejecutivo (gobierno) y era el propio gobierno quién tomaba las decisiones sobre política monetaria. Pues en el pasado, la burocracia era aún más centralizada.

De esta manera, en 1694 se produce un hecho importante en la historia de la política monetaria, pues sea crea el Banco de Inglaterra. Y entre sus funciones estaba la responsabilidad de imprimir billetes y respaldar su valor con oro físico.

Comenzó así el camino a la independencia entre la política monetaria y el poder ejecutivo. Diversificando las funciones, y separando a los bancos de los gobiernos. Permitiendo así el funcionamiento independiente de la economía.

Esta nueva política monetaria de los bancos centrales se asoció al mantenimiento del tipo de cambio fijo de la divisa nacional al valor del oro. Por ello, para cumplir con este fin, los bancos centrales comenzaron a establecer los intereses que iban a pagar a sus propios prestatarios. Así como los que iban a cobrar a otros bancos que necesitasen liquidez y recurrieran al Banco Central a pedir crédito. Ya que esos tipos de interés afectan al tipo de cambio entre divisas.

El oro tuvo un papel fundamental en la guerra de divisas y en las políticas monetarias de los bancos centrales.
El oro tuvo un papel fundamental en la guerra de divisas y en las políticas monetarias de los bancos centrales.

El mantenimiento del patrón oro necesitaba ajustes de los tipos de interés prácticamente cada mes. Por ello, quedó plenamente establecido el papel del Banco Central como prestamista de última instancia.

Esto solo para bancos e instituciones, no para los consumidores. Y se fue demostrando como los tipos de interés de los bancos centrales influían en toda la economía global.

El crecimiento de la oferta de divisas que dio paso al flujo del mercado internacional de divisas

En la segunda mitad del siglo XX, la política monetaria más amplia en los países desarrollados se centraba en el crecimiento de la oferta monetaria. Sin embargo, este tipo de política centrada en objetivos de crecimiento de la oferta monetaria generó nuevos fenómenos.

Por ejemplo, en 1979 la Reserva Federal de los Estados Unidos se centró en crear y dar salida a más dinero. Aumentando la oferta monetaria disponible para estimular el crecimiento económico. Pero no dio resultado.

De esta manera, aunque el estándar oro no sea en la actualidad utilizado por ningún gobierno, existen voces partidarias de que se vuelva a implantar. Pues, en su defensa critican la falta de una referencia real para determinar el valor del dinero. También el alto riesgo de la política monetaria y sus posibles consecuencias para la sociedad y el eterno endeudamiento de los gobiernos.

Por su parte, la mayoría de economistas en contra de la vuelta al patrón oro defienden que al hacerlo se limitaría de forma drástica la oferta monetaria disponible. Además, se dificultarían muchas de las operaciones empresariales, especialmente las internacionales, algunas de ellas realmente complejas. Pero estos argumentos también son puestos en duda tras la crisis mundial del 2008.

Finalmente, en la actualidad, el debate del patrón oro aún se mantiene, adaptado a las nuevas demandas de la sociedad tecnológica.

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